ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE COLOMBIA

JUAN MENDOZA VEGA COMO REPORTERO DE EL ESPECTADOR DE BOGOTÁ

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Durante los días de la dictadura, de El Independiente y de la transición a la democracia, hubo varios periodistas que fortalecieron la redacción de Guillermo Cano. Jóvenes reporteros como Juan Mendoza Vega, Felipe González Toledo, Enrique Alvarado o Germán Pinzón, entre otros, que supieron defender el legado e impulsados por los jefes José Salgar y Darío Bautista, encontraron la manera de hacerle esguince a la censura de prensa y honor a la libertad de expresión.

El primero de los citados era un estudiante de Medicina que había perdido una beca del departamento de Norte de Santander por apoyar la marcha de los estudiantes que terminó en tragedia en 1954. Era Juan Mendoza Vega, que un día decidió ir a El Espectador porque quería escribir en el diario, y subiendo las escaleras al segundo piso de la oficina ubicada en la Avenida Jiménez, se encontró de frente con el director. No lo conocía pero le preguntó: “¿usted conoce a Guillermo Cano?”. Ese encuentro terminó en una larga relación de Juan Mendoza con El Espectador (3 de noviembre de 1986).

Primero publicó varias notas pagas, pero finalmente asumió el turno de la noche, hasta la una de la mañana, que todos conocían en la época como el turno de la puñalada al Papa, porque se trataba de registrar las últimas noticias con la vigilancia de los teletipos, o los registros de los periodistas judiciales que llegaban con las primicias de las comisarías. Entre ellos, siempre estaba dispuesto Felipe González Toledo, quien llegó a convertirse en el principal exponente de la crónica roja, como se conoció al uso del periodismo narrativo para contar los sucesos ocurridos en la justicia.

Juan Mendoza Vega fue también el protagonista de una de las últimas denuncias que pudo hacer El Espectador antes de que cayera la guillotina del cierre. Por encargo de Guillermo Cano, él fue a averiguar por qué se estaban vendiendo juguetes de navidad que habían sido donados por industriales alemanes para la campaña del aguinaldo del niño pobre. La primicia fue posible porque como buen estudiante de Medicina, se disfrazó de Médico graduado y se coló al sitio donde estaban vendiendo los juguetes. Cuando salió su crónica, el servicio de inteligencia colombiano le pidió a El Espectador que informara quién había sido el autor del escándalo. La respuesta del director Guillermo Cano demostró su proceder cuando se trataba de defender a su gente: “la responsabilidad de escribir en El Espectador la comparte mancomunada y solidariamente todas y cada una de las personas –vivas o muertas- que han figurado a la cabeza del periódico desde su fundación”.

Con el paso del tiempo, Juan Mendoza Vega se hizo Médico y luego Cirujano ilustre. Llegó a dirigir el Instituto Neurológico de Colombia y es uno de los principales promotores de la Fundación Derecho a Morir Dignamente. Por más de cuatro décadas, sus escritos en las páginas editoriales de El Espectador referentes a la ciencia médica, pero fortalecidos por el periodismo, tuvieron millones de lectores. Desde los tiempos en que el país se unió para que la dictadura de Rojas Pinilla por fin cayera.