ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE COLOMBIA

ADIÓS A NUESTRO SECRETARIO PERPETUO

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El académico JUAN MENDOZA-VEGA, quien se desempeñaba como Secretario Perpetuo de la Academia Nacional de Medicina y Subdirector de la Academia Colombiana de la Lengua, falleció en Bogotá en octubre de 2017. Este nortesantandereano de Chinácota era ante todo un humanista, aunque  también fue neurocirujano, periodista, historiador, bioeticista y estudioso de las técnicas de la pintura. Lo recordaremos por su distinción y don de gentes, gran cultura general, fino humor, manejo impecable de la dicción, profesor emérito y aspecto de prócer decimonónico por sus bien cuidadas barba y bigote, anteojos, poblada cabellera, vestido con chaleco y corbatín, presto a dar la hora con su elegante leontina, probablemente de patrimonio familiar.

Los más cercanos le tuteaban, algunos le decían "doctor Juanito". Él respondía con sencillez, con sus afables maneras. Fue el motor de varias academias colombianas, a las cuales asistió hasta el final. Médico Cirujano de la Universidad Nacional de Colombia con especialización en Neurocirugía en la misma Universidad. Fue Monitor y Preparador por Concurso, de Fisiología, Facultad de Medicina, Universidad Nacional; Profesor Asociado y Catedrático de Neurocirugía. Profesor de Historia de la Medicina y de Ética Médica de la Facultad de Medicina del Colegio Mayor del Rosario y Profesor Emérito; Profesor Asociado Adjunto de Neurocirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana; dirigió los laboratorios de encefalografía de los Hospitales San Juan de Dios e Infantil Lorencita Villegas de Santos; Director General de la Fundación Instituto Neurológico de Colombia; Director de Tribuna Médica; delegado por Colombia a más de veinte congresos internacionales. Perteneció a la Asociación Colombiana de Neurocirugía, a la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación, al Colegio Colombiano de Cirujanos, al Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos,
Asimismo, fue miembro honorario de la Asociación Colombiana de Periodismo Científico, y profesor emérito del Hospital Militar Central de Bogotá.

Presidente de la Academia Nacional de Medicina de Colombia de 2002 a 2004 y elegido nuevamente para el periodo 2014-2016. Magistrado del Tribunal Nacional de Ética Médica, y fue su Presidente en los años 2012 y 2014; Presidente de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente. Miembro de Número, Silla E, de la Academia Colombiana de la Lengua y su actual Subdirector y Bibliotecario. Elegido el 21 de junio de 2010. Tomó posesión el 4 de octubre de 2010 con el discurso titulado De las cartas de Colón al correo electrónico. Le respondió en nombre de la corporación, Teresa Morales de Gómez. Fue Miembro Activo de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina; miembro fundador y actual Presidente del Instituto Colombiano de Estudios Bioéticos (ICEB), así como Miembro Correspondiente de la Real Academia Española y Miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia. Fue presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Neurocirugía, Así mismo de la Academia Nacional de Medicina, y de la Federación Mundial de Asociaciones pro Derecho a Morir Dignamente.

Cuando estudiaba medicina fue periodista de El Espectador, al lado de don Guillermo Cano, conociendo en ese diario capitalino a Gabriel García Márquez, reportero también. Se destacó como columnista del diario El Espectador entre 1954 y 1998. Con su "Columna Médica", de publicación semanal.

El doctor Juan Mendoza fue el autor de más de 80 artículos científicos relacionados con bioética, la comunicación en la medicina y periodismo científico. Entre sus obras merecen especial mención Lecciones de historia de la medicina (1989); Dolor: fisiopatología, psiquiatría, manifestaciones y tratamiento (1990) y Hacia una medicina más humana (en colaboración con Francisco J. Leal Quevedo, 1997). Publicó también los poemarios Los mares interiores (2001) y Segunda bitácora (2006). Su último libro, con perfil autobiográfico fue ¡Cuento hasta 80!

Admiramos también en él la entereza y estoicismo con que afrontó las dolencias que le afectaron en sus últimos años. Y como dijo su hija Pilar, murió en su ley, en su casa, rodeado del amor de su familia. Pocos días antes de su muerte, asistió a una sesión administrativa de la Academia de Medicina, adonde llegó con paso lento y voluntad de hierro. Le sobreviven su esposa María Victoria, hijos y nietos. Como decía en alguno de sus poemas, cuando aunque sea existe la esperanza del reencuentro, el dolor de la ausencia es pasajero. Porque él estudió todos los aspectos de la muerte biológica y tuvo su propia visión de la muerte digna. Era un enamorado de la tinta y del impreso, creía que libro que no se imprime, no existe. Veía con dolor cómo los costos de publicación y correo, falta de espacio, dificultad de manejo, daños al medio ambiente, poca visibilidad, lecturabilidad escasa, propulsaban la tendencia moderna a la publicación virtual. Hay sin embargo espacio para ciertos libros, y aún para muchos en zonas de baja densidad en bibliotecas al alcance de los que deben acceder al conocimiento y al placer de la lectura.

Anexamos algunos artículos escritos con ocasión de su muerte. En la revista MEDICINA se publicarán otros más, como homenaje póstumo.