ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE COLOMBIA

NUEVAS SALAS EN LA SEDE DE LA ACADEMIA

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En la inauguración de la Sala del Conocimiento Jorge Cavelier Gaviria y la
Sala de Humanidades EfraímOtero Ruiz de la Academia Nacional de Medicina de Colombia, en Bogotá, febrero 11 de 2016, el académico José Félix Patiño Restrepo pronunció las siguientes palabras:

Me cabe el honroso privilegio de dirigir unas palabras en esta ocasión solemne. Y lo hago desde lo más profundo de mi alma porque me refiero a tres personas que fueron extremadamente cercanas a mi vida personal y profesional; el Profesor Jorge E. Cavelier, Jorge Cavelier Gaviria y Efraím Otero Ruiz.

Rindo homenaje a la memoria del Profesor Jorge E. Cavelier Jiménez. Este hermoso edificio, que es patrimonio arquitectónico nacional, la Biblioteca, adquirido durante el periodo en que me correspondió asumir la presidencia de la Academia Nacional de Medicina, pero con el concurso invaluable de Jorge Cavelier Gaviria, lleva su nombre: es la Biblioteca Jorge E. Cavelier.

Profesor de Patología Quirúrgica en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional por muchos años, Jorge E. Cavelier fue nombrado Decano en 1938. Ya había fundado la Revista de la Facultad de Medicina, una de las más importantes publicaciones en el campo biomédico; fue el gran luchador contra las enfermedades venéreas y creó el Hospital de La Samaritana con el objeto principal de controlar esta patología que por la época era un problema de salud de gran magnitud. Ejecutivo visionario, fue un verdadero constructor de instituciones y realizador de programas.

Tuve la fortuna de estar muy cerca de él, porque a los pocos meses de terminar mi residencia quirúrgica en Yale me nombraba Jefe de Cirugía en La Samaritana, hospital que él dirigía. Como Ministro de Salud, Jorge E. Cavelier diseñó el primer Plan Hospitalario Nacional, y luego, cuando asumí esa cartera en el Gobierno de Guillermo León Valencia, lo actualicé contando con sus sabios consejos. Presidente de la Academia Nacional de Medicina, a él le debemos hoy el edificio de la Plaza de las Nieves que asegura la vida económica de la Academia. También estuve muy cerca de él cuando ocupé un consultorio, por muchos años, en la Clínica de Marly que él gerenciaba. El extraordinario desarrollo de Marly comenzó con el Profesor Cavelier, y luego fue continuado y fortalecido por su hijo Jorge Cavelier Gaviria y ahora por su nieto Luis Eduardo Cavelier Castro. La figura del profesor Cavelier se agiganta en el devenir histórico de Colombia y de esta Academia.
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Así me expresé en la Capilla de los Santos Apóstoles del Gimnasio Moderno con ocasión de las honras fúnebres de Jorge Cavelier Gaviria: "Recorrida ya una larga vida, siempre he considerado que hay hombres de hombres. Y los he encontrado: hombres que lideran, que llevan a la innovación y el progreso, que, dueños de una capacidad multifacética, con su espíritu y su vigorosa personalidad inspiran y promueven el hacer individual y colectivo. Tal fue Jorge Cavelier Gaviria, muy cercano compañero y colega de toda una vida." (Patiño, 2012).

Mantuve una profunda y, ante todo, sincera amistad con Jorge Cavelier Gaviria, con quien fuimos colegas y compañeros en un grupo de práctica profesional, Servicios Médicos, creado y gerenciado por él con base en Marly, que prestó atención de salud a Avianca. Emprendimos muchas empresas juntos, siempre con una profunda identidad intelectual, y como lo expresé en pasada ocasión, admiré al gran ejecutivo, al hacedor de empresas e instituciones, quien quiso pasar por la vida sin alardes cuando eran tantos sus merecimientos y sus logros. Todavía veo y siento su sombra en este edificio, donde nos reunimos en tantas ocasiones para planear el destino de la Biblioteca y, realmente, también de la Academia. Tuve el privilegio de visitarlo semanalmente durante su enfermedad, y oí sus recomendaciones sobre el destino de la Academia en la semana anterior a su muerte prematura.

Jorge Cavelier Gaviria se distinguió como especialista en urología. Graduado en la Universidad Javeriana, hizo el postgrado en el Hospital San Juan de Dios de la Universidad Nacional, y luego viajó a complementar su formación de especialista en la Universidad de Yale bajo el famoso urólogo Clyde L. Deming, y luego en el St. Luke´s Hospital de la ciudad de Nueva York, ese gran centro médico de más de 800 camas fundado en 1886.

Siempre admiré en Jorge esa rara y extremadamente valiosa capacidad de combinar el conocimiento médico con un gran talento administrativo y gerencial. Como su padre, fue un visionario y emprendió empresas que siempre fueron exitosas. Fue profesor de urología en la Universidad Javeriana, y también fue Director y luego Profesor Emérito en el Hospital de La Samaritana. Una faceta interesante de su vida profesional es la de haber ocupado el cargo de Secretario de Salud de Bogotá, cargo que desempeñó con la eficiencia y eficacia que lo caracterizaron. También sirvió al país y a la sociedad como miembro de la Junta de Beneficencia de Cundinamarca y como representante del Presidente de la República en el Fondo Nacional Hospitalario. Lo vi desempeñarse con especial talento cuando sucedió al Profesor Cavelier, su padre, en la gerencia de la Clínica de Marly, institución que modernizó y engrandeció. Una muestra de su sentido humanitario fue la creación del Fondo de Empleados, Fesme, que gerenció con su reconocida eficiencia; Fesme es hoy una entidad vigorosa y sólida que presta servicios de ayuda financiera a los empleados de Marly. Como muestra de su capacidad para ver la oportunidad en el futuro, Jorge Cavelier Gaviria fue el creador de algunos de los primeros grupos de práctica médica en Colombia. En efecto, además de Servicios Médicos, a él se debe la creación del Centro Urológico, Ltda. y de Litomédica, S.A.

Pocos son y han sido los académicos que se preocuparan tanto y tan sinceramente por esta gran corporación, la Academia Nacional de Medicina de Colombia, como lo fue Jorge Cavelier Gaviria. Por muchos años coordinador de la Comisión de Finanzas y de la Comisión de Biblioteca, a él debemos en gran parte su desarrollo y estabilidad económica. Con ese talento gerencial que se combinaba en forma admirable con su saber médico, fue Jorge quien logró la adquisición de las dos casas que hoy son la magnífica sede de nuestra Academia.

Además de sus publicaciones científicas, Jorge nos dejó tres libros que son verdaderas joyas: Jorge E. Cavelier. Su biografía relatada por su hijo Jorge Cavelier Gaviria, Clínica de Marly. Cien años de Historia 1903-2003 y Proceso Evolutivo de la Vida.

Poco tiempo después de su muerte, Sylvia Castro, esa maravillosa compañera de toda su vida, me conmovió cuando recibí una nota suya. Decía: José Félix, sé que Blanca salió a recibir a Jorge y ahora están allá otra vez conversando juntos. Así lo creo. Se cumple el dictum popular: "detrás de un gran hombre hay una gran mujer".
Como lo hablé y lo escribí, "lo visité en las últimas semanas de su vida y pude ver como Jorge se fue con la serenidad de saber que ha cumplido la tarea. Fue un gran médico, un brillante académico, un gestor, un hacedor. Su presencia aquí, en este recinto, en esta Academia seguirá viva por siempre." (Patiño, 2012)

Hoy inauguramos en la Biblioteca Jorge E. Cavelier la Sala del Conocimiento Jorge Cavelier Gaviria para honrar la memoria de uno de los más distinguidos miembros de la Academia Nacional de Medicina.
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Cuán difícil hablar de un gran amigo, Efraím Otero Ruiz. Un hombre bueno, médico, investigador científico, historiador, educador, eticista, poeta. De inteligencia deslumbrante, una memoria que siempre consideré portentosa y una inmensa y variada cultura, Efraím Otero fue el hombre que encarna la excelencia humana, y como lo escribí, el Súmmum del humanismo (Patiño, 2014). Es justo que hoy se inaugure esta sala con el nombre de uno de los más destacados humanistas que ha producido Colombia.

De orgulloso nacimiento santandereano, tuvo la mejor educación jesuítica en el Colegio de San Bartolomé y en la Universidad Javeriana, donde obtuvo el título de médico Cum laude. Hizo estudios de postgrado en endocrinología y medicina nuclear en los Estados Unidos en los más distinguidos centros académicos: el Instituto de Estudios Nucleares de Oak Ridge, Tennessee, por entonces el lugar de concentración de los más grandes físicos, la Universidad de California en Berkeley, el Presbyterian Hospital de la Universidad de Columbia en Nueva York. Eran centros donde «pululaban los premios Nobel», en sus propias palabras. Y fue con ellos, los Nobel, codo a codo, cuando Efraím fue madurando el altísimo nivel académico y científico que caracterizó su vida profesional.

Su hoja de vida es paradigma para las nuevas generaciones. Al inicio de su carrera profesional se vinculó al Instituto Nacional de Cancerología, donde fue jefe del Departamento de Investigación. Bien conocido es su trabajo pionero sobre nódulos tiroideos, el cual le valió reconocimiento internacional. Fue director por más de 10 años de Colciencias, magistrado y presidente del Tribunal Nacional de Ética Médica, presidente de la Federación Panamericana de Asociaciones de Facultades de Medicina (Fepafem) y Ministro de Salud en el gobierno de ese otro gran humanista, Belisario Betancur. Escribió ocho libros y más de 280 artículos.


Ocupó cargos en instituciones internacionales de gran importancia, como la presidencia de la Comisión Ejecutiva de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington, miembro del Comité de Investigaciones del National Research Council de los Estados Unidos, presidente del Comité de Evaluación Externa del Programa Especial sobre Investigación en Enfermedades Tropicales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Consultor en Medicina Nuclear para la antigua Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos (USAEC), ocupó la presidencia, desde 1990 hasta su muerte, de la Junta Directiva del muy ilustre CIDEIM (Centro Internacional de Entrenamiento e Investigaciones Médicas) con sede en Cali.

Una de sus más celebradas obras, Los Versos Melánicos lo llevan a uno a "comprender la vida de Efraím Otero Ruiz, porque esa obra es realmente autobiográfica, la expresión de su profundo sentido humano, de su humor, de su manera de interpretar el acontecer cotidiano y de su elegancia literaria." (Patiño, 2014).
Y lo repito, detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Gloria Leongómez, su compañera de toda la vida es un ejemplo de la dedicación, vocación e inspiración que significó para Efraím. Su hija Pilar y sus cuatro hijos son modelo de profesionales, y dos de ellos Jorge y Ernesto son médicos y académicos.
Como con la de Jorge Cavelier Gaviria, también la figura de Efraím Otero Ruiz seguirá presente en esta Academia, a la cual ambos le dieron tan especial brillo.
Inauguramos hoy en la Biblioteca Jorge E. Cavelier la Sala de Humanidades Efraím Otero Ruiz en reconocimiento a uno de los más distinguidos miembros que ha tenido la Academia.

Referencias

• Patiño Restrepo JF. Palabras pronunciadas en Memoria del Dr. Jorge Cavelier Gaviria, noviembre 30 de 2012. Capilla de los Santos Apóstoles del Gimnasio Moderno. Publicado en la revista Medicina 2012;34 No 4 (99): 368-369.
• Patiño Restrepo JF. Efraím Otero Ruiz: una vida súmmum del humanismo. Médico, investigador, historiador, educador, eticista, poeta. Medicina 2014; 36 No. 3 (106):278-281.